Introducción
El Análisis Transaccional además de ser una teoría de la personalidad, es una
teoría de la comunicación que permite comprender y mejorar la calidad de las
relaciones interpersonales. Del mismo modo, facilita entender las influencias del
entorno, esto es, de las personas e instituciones sociales que participan en el
proceso de socialización, en la conformación de la estructura y el funcionamiento de
la personalidad. Esta teoría explica cómo a partir de los tipos de mensajes, caricias,
mandatos, prohibiciones y permisos que la persona recibe desde etapas muy
tempranas de su vida, ella toma decisiones sobre quién es y cómo debe ser,
adoptando determinadas posiciones existenciales o percepciones sobre sí misma,
las otras personas y la vida. A partir de estas decisiones y percepciones, actúa en
concordancia tanto consigo misma como con las demás, estableciendo relaciones
saludables o enfermizas con estas o participando en juegos psicológicos que le
permiten mantener o reforzar sus posiciones existenciales.
Sobre el creador del Análisis
Transaccional
Eric Berne, cuyo nombre original era Eric Lennar Bernstein, nació en
Montreal, Canadá en 1910 y falleció el 15 de julio de 1970 a los sesenta años. Su
padre era médico y su madre escritora. Cuando tenía diez años fallece su padre y,
siguiendo los pasos de este, a los veinticinco años termina sus estudios de Medicina
en la Universidad de Mc Gill en Montreal. Posteriormente, a los veintinueve años
emigra a Estados Unidos y adopta esa nacionalidad, cambiando su apellido por
Berne.
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Características del Análisis Transaccional y su relación con otros enfoques
Con el propósito de lograr una mejor comprensión de esta teoría, resulta de
mucha importancia conocer las características que la distinguen y que la convierten
en una teoría amplia, flexible e integral. Estas características a su vez permiten que
al ponerla en práctica pueda ser complementada y profundizada con los aportes que
brindan otros enfoque teóricos. A continuación se presenta este análisis.
-Esta teoría se basa en una filosofía positiva y de confianza en el ser
humano. Considera que todas las personas tienen el mismo valor como seres
humanos. Lo que puede variar son las conductas, algunas de las cuales pueden ser
adecuadas y otras no. Sobre este aspecto del valor humano, según el enfoque de la
Terapia Racional Emotivo-Conductual y de acuerdo con Ellis, en Naranjo (2004), el
concepto de bueno no puede aplicarse al ser humano. Es decir, no se requiere que
la persona actúe bien y realice todo con éxito para que sea juzgado como valioso.
Por ello, se le acepta incondicionalmente, no importa que ciertos de sus actos sean
calificados por ella misma o por otras como equivocados o tontos, o por el hecho de
que los demás la acepten o condenen. Este autor, por lo tanto, subraya el valor del
ser humano solo por el hecho de estar vivo y añade que aunque una existencia
puede no ser del todo satisfactoria, siempre hay posibilidad de que lo sea.
Características del Análisis Transaccional y su relación con otros enfoques
Con el propósito de lograr una mejor comprensión de esta teoría, resulta de
mucha importancia conocer las características que la distinguen y que la convierten
en una teoría amplia, flexible e integral. Estas características a su vez permiten que
al ponerla en práctica pueda ser complementada y profundizada con los aportes que
brindan otros enfoque teóricos. A continuación se presenta este análisis.
Esta teoría se basa en una filosofía positiva y de confianza en el ser
humano. Considera que todas las personas tienen el mismo valor como seres
humanos. Lo que puede variar son las conductas, algunas de las cuales pueden ser
adecuadas y otras no. Sobre este aspecto del valor humano, según el enfoque de la
Terapia Racional Emotivo-Conductual y de acuerdo con Ellis, en Naranjo (2004), el
concepto de bueno no puede aplicarse al ser humano. Es decir, no se requiere que
la persona actúe bien y realice todo con éxito para que sea juzgado como valioso.
Por ello, se le acepta incondicionalmente, no importa que ciertos de sus actos sean
calificados por ella misma o por otras como equivocados o tontos, o por el hecho de
que los demás la acepten o condenen. Este autor, por lo tanto, subraya el valor del
ser humano solo por el hecho de estar vivo y añade que aunque una existencia
puede no ser del todo satisfactoria, siempre hay posibilidad de que lo sea.
Es un modelo de aprendizaje, no de enfermedad. Se espera que la
persona aprenda a hacer lo adecuado y a sentir las emociones auténticas. Este
enfoque considera que en la mayoría de los casos, la asignación de enfermedad
mental está mal aplicada, ya que se trata (normalmente) de un desajuste de
conducta o conductas inadecuadas, fruto del proceso de socialización.
Es sencillo. Emplea un vocabulario comprensible aún para personas en la
etapa de la niñez. Berne (1983) indica que debido a la claridad de sus enunciados,
basados en un material fácilmente accesible y a lo reducido de su vocabulario
especializado, el Análisis Transaccional ofrece un marco de referencia de fácil
aprendizaje para la clarificación. Es un enfoque racional y simple de cómo se
estructura y funciona la personalidad, lo cual permite una mejor comprensión del
comportamiento de las personas tanto en relación con ellas mismas como con las
demás.
Está basado en las necesidades de todo ser humano. Toma en cuenta
necesidades tales como el afecto, el reconocimiento, la autoestima, la
autoconfianza, la autonomía, el bienestar, la pertenencia y la aceptación social,
dentro de un marco de armonía tanto intra como interpersonal. Asimismo, ofrece las
bases necesarias para realizar cambios conductuales y hacer elecciones que
favorezcan la autorrealización personal, relaciones humanas más adecuadas y
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satisfactorias y un mejoramiento en el estilo de vida de la persona. En el
Existencialismo, uno de los propósitos fundamentales es ayudar a la persona a
descubrir el significado de su existencia y mejorar sus relaciones con las demás.
Es objetivo. Se basa en hechos cotidianos observables y registrables.
Thomas (2000) señala que como modelo científico el Análisis Transaccional
observa, coteja, evalúa, valora, actualiza, integra y modifica la conducta al separar
el comportamiento en unidades simples y fácilmente identificables y comprensibles
(análisis) y, al aplicar esos análisis a las relaciones interpersonales (transacciones).
Opi y Beltrán (2005) agregan que este enfoque es predictivo, por cuanto la
observación de las manifestaciones de conducta, junto con el conocimiento de la
historia de vida de la persona, indica que si esta continúa aplicando el mismo
“programa” mental, tenderá a obtener ciertos resultados predecibles y al ser
predictivo, facilita la prevención.
Es diagramable; es decir, emplea diagramas y esquemas simples mediante
los cuales se pueden representar todo tipo de situaciones, lo cual le permite a la
persona explicar o comprender fácilmente esta teoría. Esto favorece el
autoconocimiento y permite de manera más fácil controlar comportamientos
inadecuados o irracionales.
El Análisis Transaccional facilita la integración de técnicas derivadas
de otros enfoques, tales como la Gestalt, el Conductismo, el enfoque Cognitivo, la
Bioenergética, la Terapia Racional Emotivo-Conductual, el enfoque Existencial, la
Terapia Sistémica, entre otros, lo cual aumenta la capacidad de su uso en la práctica
profesional y su aplicación tanto en la intervención individual como con grupos
humanos en campos tales como el organizacional, el educativo y el familiar.
Es contractual; es decir, se trabaja con base en objetivos establecidos con
la persona orientada. El proceso se inicia con un contrato bilateral por cuanto se
considera que el enfoque contractual protege la autodeterminación de la persona y
le permite darse cuenta cuando ha logrado lo que se proponía.
Es igualitario; es decir, tanto la persona que facilita el proceso como la
persona orientada se sitúan en el mismo nivel. De igual forma, en el enfoque
Cognitivo se considera que se requiere de una sólida alianza terapéutica, muchos de
los aspectos del proceso, tales como los tema que se van a trabajar durante las
sesiones, la frecuencia de estas y las tareas por realizar, se deciden de forma
conjunta.
-El Análisis Transaccional facilita una autoexploración más profunda. De
acuerdo con Naranjo (2004), el análisis estructural o de la personalidad que emplea
este enfoque permite responder a las preguntas: ¿quién soy yo?, ¿por qué actúo de
la forma en que lo hago? y ¿cómo llegué a ello? Se analizan pensamientos,
sentimientos y comportamientos provenientes de los distintos estados emocionales
del yo, se determinan los estados predominantes del yo y la dinámica interna entre
ellos. El objetivo fundamental es establecer la comunicación más franca y auténtica
posible entre los componentes afectivos e intelectuales de la personalidad.
Tipos de análisis que conforman la teoría de Análisis Transaccional
El Análisis Transaccional está constituido por cuatro tipos de análisis: el
análisis estructural y funcional, mediante el cual se analiza la personalidad
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individual; el análisis transaccional, que facilita comprender lo que las personas
hacen y dicen entre sí; el análisis de juegos psicológicos, que permite entender
las transacciones ulteriores que conducen a una recompensa y el análisis de
guiones, mediante el cual se estudian dramas específicos de la vida que las
personas representan compulsivamente. A continuación se presentan de forma
detallada cada uno de los cuatro tipos de análisis y otros temas relevantes de la
teoría relacionados con estos, tales como las posiciones existenciales, las
emociones y las caricias.
Análisis estructural y funcional de la personalidad
Es el primer tipo de análisis que propone esta teoría. Primero se hará
referencia al análisis estructural y luego al análisis funcional de la personalidad para
una mejor comprensión de estos.
Análisis estructural de la personalidad
Opi y Beltrán (2005) definen la personalidad como: “el modo habitual por el
cual la persona piensa, siente, habla y actúa, para satisfacer sus necesidades de
tipo personal, físico, psicológico y social” (p. 45). Por su parte, Santrock (2002)
señala que: “la personalidad se refiere a razonamientos distintivos, emociones y
conductas que caracterizan la forma en que un individuo se adapta al mundo” (p.
168).
El estado Padre del yo. Este estado contiene las grabaciones que se
realizaron durante la infancia provenientes del contexto, de patrones y valores
socioculturales y de la incorporación de mensajes enviados por las figuras
parentales y otras figuras significativas. Esta parte de la personalidad transmite, por
ejemplo, normas, prohibiciones, críticas, prejuicios y estereotipos. Puede realizar
generalizaciones o hacer argumentos poco reflexivos.
El estado Adulto del yo. Es la parte racional de la personalidad. Se interesa
por obtener datos de la realidad, analizarlos y someterlos a prueba. Se esfuerza por
diferenciar la fantasía de la realidad. Establece y trata de lograr objetivos y metas
realistas. Tiene una visión clara de sus valores y actúa en concordancia con estos.
Busca, solicita y brinda información.
El estado Niño del yo. En este estado se encuentra todo el componente
emocional de la persona. Esta parte del yo puede dejarse llevar por la emotividad,
ser impulsiva y egocéntrica, reclamar afecto, exigir que se le tome en cuenta, tener
temor de actuar o de sentirse solo o vivir la vida alegremente, evadiendo
responsabilidades. Sueña, fantasea, miente y manipula, pero también es la parte
que siente (toda la gama de emociones), intuye y crea.
Patologías estructurales de la personalidad
Entre estas se pueden mencionar las contaminaciones, los estados del yo
exclusivos y los estados del yo excluidos, de acuerdo con autores como Opi y
Beltrán (2005), Thomas (2000) y James y Jongeward (1976).
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La contaminación se considera como la intromisión de un estado emocional
en otro.
Análisis funcional de la personalidad
Los tres estados del yo: Padre, Adulto y Niño conforman la estructura total de
la personalidad; no obstante, existen diferencias en el actuar y en el sentir, aún
dentro de cada uno de esos estados, lo que condujo a una subdivisión más precisa y
compleja que permite una mejor comprensión del comportamiento y funcionamiento
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personal. A esta nueva representación de la personalidad se le conoce como
Estructura Funcional
Niño Adaptado Sumiso-Rebelde. Entre las actitudes positivas de este
estado se puede mencionar los comportamientos que indican disciplina, el
acatamiento de normas y el respeto por otras personas, que benefician la sana
convivencia interpersonal.
Niño Natural-Libre. En su aspecto positivo, este estado del yo se manifiesta
de forma natural y espontánea, siente y vive las emociones auténticas de manera
plena, gusta disfrutar la alegría de vivir compartiendo con otras personas.
Niño Creativo-Pequeño Profesor. En este estado se encuentra el origen y
hay un gran potencial para la creatividad, por ejemplo artística o científica y para la
originalidad. Contiene aspectos como la curiosidad, el deseo de aprender, el empleo
de la intuición y la sensibilidad.
Posiciones existenciales
Todas las personas poseen una percepción respecto de sí mismas, de las
otras personas y de la vida. A estas percepciones o conceptos se les conoce como
posturas o posiciones existenciales. Estas se originan a partir de la historia de vida y
de los mensajes que la persona recibió desde su infancia provenientes de figuras
significativas; de esta manera, las creencias sobre sí, las y los otros y la vida quedan
grabadas formando mitos, por cuanto pueden no corresponder a realidades, que
llevan a la persona a actuar de determinadas formas para confirmarlos. La posición
elegida inconscientemente durante la niñez es la básica; es decir, la persona se
encuentra en ella la mayor parte del tiempo.
Yo estoy bien, tú estás bien. En esta posición se encuentran aquellas
personas que recibieron durante su niñez afecto, caricias, mensajes positivos,
atención y cuidados por parte de sus progenitores y otras figuras significativas. Las
personas que adoptan esta posición pueden resolver sus problemas de forma
creativa y constructiva, son realistas y consideran valiosas a las otras personas. Es
la posición de una personalidad saludable.
Yo estoy bien, tu estas mal. Proyectiva. Las personas que han sido
agredidas o denigradas pueden llegar a pensar que ellas están mal. Es la posición
de quienes se sienten víctimas o perseguidas. Tienden a seguir culpando a las otras
personas de sus desdichas y fracasos .A medida que pasa el tiempo pueden
empezar a devolver el odio acumulado, a agredir antes de ser agredidas. Es una
posición adoptada con frecuencia por criminales y delincuentes, que se transforma
en una conducta paranoide y que en casos extremos puede llevar al homicidio.
Referencias bibliográficas
Berne, Eric. (1961).
Transactional Analysis in Psychotherapy. New York: Grove
Press Inc.
Berne,
Eric. (1983).
Introducción al tratamiento de grupo. (20 edición).
Barcelona: Grijalbo.
Berne, Eric. (1988).
Juegos en que participamos.
Psicología de las relaciones
humanas.
Buenos Aires: Jaime Vergara Editor. (co-edición de Editorial Diana
de México).
Reimpresión.
Camino, José Luis, y Coca, Arantxa. (2006).
Una teoría de las emociones para el
Análisis Transaccional.
Revista de Análisis Transaccional y Psicología
Humanista. Nº 55. Consultado el 12 Julio, 2010 de http://www.arantxacoca.con/archivos/p001.pdf
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